Microbiografía de Adolfo Payés

Bertolt Brecht

Bertolt Brecht

miércoles, 31 de diciembre de 2025

Bebo los minutos que se negaron a nacer














Bebo la sombra de un sorbo
que inventa sus propias venas
en mi geografía invertida
y en el corazón abierto como un mapa
que se desdobla hacia todos los nunca.

Pero eres el vacío que respiro.
Solo la huella de una mañana
que nunca amaneció:
el reflejo de un beso
en el espejo del no-tiempo.

Una esquina que toca el infinito
y un abismo que pisa su propio fondo
cuando pienso en tu nombre de arena.

Bebo los minutos que se negaron a nacer
en los páramos de lo intangible
extraviado en el pliegue de lo que se olvida.

Bebo el eco del silencio
que no pudo contener
el incendio que se comió los espejos
álgebra de un delirio
deseo que desafía la gravedad
en el lecho de todos los imposibles.

Y aquí permanezco
habiéndome bebido los relojes
en tu eterna tal vez-existencia.

aapayés

martes, 30 de diciembre de 2025

En el asilo de la nada


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Plácido 
Por la fuga matinal
sobrevino
un arcoíris de sombras
acariciando
la necesidad de poseer
con una caricia huérfana
del viento pulverizando
el verbo amar.

Y supe, sin ser,
que la imaginación
es un parásito del goce,
un deseo recluido
en el asilo de la nada.

Sereno 
y vacío de ti,
me inclino hacia la fuga
para trazar
un verso en el espigón
de tu mudez desnuda,
con el temblor
de un colibrí en el néctar.

Me pierdo
y me inclino
al acto de leer
tu geografía en llamas
y, en la escarcha,
al calor de tu hueco.

aapayés

lunes, 29 de diciembre de 2025

En el silencio estelar de la vida.




















Ya lo dijo la luna:
"Si no encuentras el brillo del alma
en el firmamento,
será por la ausencia
de amor en tus ojos."

No mires a los lados,
no esperes nada de nadie.
Ama como te amas,
escuchando al alma
lo que gritan las vísceras.

Y yo aquí,
sosegado por el destierro,
cual imagen perfecta del olvido,
escribo un verso para ti.
Y el lucero se lo lleva,
cual beso ausente
en el silencio estelar de la vida.

aapayés

domingo, 28 de diciembre de 2025

Disparé Silencios




















Disparé silencios de ala fugaz,
para calmar la sed del tiempo ya perdido,
que removió el cristal de aquellos instantes,
los que dormían, mustios y vencidos,
en la urna de sombra del olvido.
Y no estabas tú.

Altura de un amor sin profanar,
aquel que un día,
con suavidad de rocío,
nutría el sueño infinito de tenerte.

Disparé silencios... y la voz se quebró.
Fue un eco sin respuesta en la llanura,
una caricia que se hizo destierro.

Disparé silencios hasta la madrugada,
y en mi boca nació un jardín de piedra.

aapayés

sábado, 27 de diciembre de 2025

En el frasco del recuerdo




















Abrazando tentaciones 
para acallar los anhelos perdidos
que remueven
esos instantes
que se ocultaban,
ya marchitos,
en el frasco del recuerdo.
Y no estabas tú.

La cima de un amor
inmaculado,
aquel que un día
le acariciaba al alma
con tan solo tenerte.

Nostalgias en silencio
y la voz naufragó.
Fue un eco sin respuesta,
una caricia sin regreso,
un puente hacia la nada.

Nostalgias 
y la noche se llenó de mudez.

aapayés

viernes, 26 de diciembre de 2025

Solvente
















Solvente
En la imposibilidad de ser
un algoritmo fiel
a tus anhelos;
una caricia aislada
sobre tu piel,
o un beso hundido sin retorno
en el mar del sentimiento.

Solvente,
esquivo y esquizofrénico,
de un despertar
en soledad,
ante el vasto llamado
de trazar
un verso
al borde del olvido.

Ya lo dije hace mil años,
cuando apenas
era polvo
en la estepa
de un mar seco,
allá en el lejano este de Mongolia.
Y fui desde entonces
grano de poesía
en la carne viva
de la tierra,
átomo errante,
aliento mínimo
en el cielo milenario
del canto.

Solvente,
al menos,
antes de convertirme
en sólo un suspiro
entre tus deseos.

aapayés

jueves, 25 de diciembre de 2025

La cruel riqueza de tu belleza




















¡Los pergaminos!
Aquellos que en su arrugada piel
grabaron a fuego la nostalgia más honda
y atesoraron, cual avaros,
la inmensa, la cruel riqueza de tu belleza…

¡Los encontré!
Yacían, moribundos, abandonados
en la gélida y yerta cabecera
de mis sueños rotos.
Y en un sollozo, quise leer…
mas fue en vano.
¡Mis ojos ciegos ni siquiera pudieron descifrar
el maldito título de tu nombre!

¡Oh, los pergaminos!
Aquellos que nuestras almas leyeran
en un éxtasis de juventud,
ya se cubren, ya se ahogan
bajo la ceniza gris del tiempo insomne,
hundiéndose para siempre
en el insondable, 
traicionero océano de esta vida.

aapayés

Relato VI un disparo marcando el destino









Era una noche de verano de 1965, una noche cargada de un calor denso y de recuerdos recientes del temblor. Yo dormía en un centro de refugiados, un lugar provisional para almas desplazadas por el gran terremoto que había sacudido San Salvador aquel lejano 5 de mayo. La quietud era un frágil velo sobre el miedo.

De pronto, la oscuridad se rasgó. Un grito, desgarrador y agudo, atravesó el silencio como un cristal quebrado. Era el llanto de un niño de dos años, arrancado del sueño no por una pesadilla, sino por el estallido seco, brutal, de un fusil. Un soldado, en un juego fatal con su arma, había dejado escapar un disparo a la noche.

Al clamor del pequeño, respondió el corazón desesperado de dos mujeres. Su madre y su hermana se levantaron como sombras veloces, guiadas únicamente por el hilo de angustia que trenzaba aquel llanto. Corrieron hacia el sonido, un sonido que ya se teñía de un presagio amargo.

Al llegar, el aire se les heló en el pecho. Allí, bañado en un rojo oscuro, estaba el niño. La bala, ciega y violenta, le había atravesado la mano derecha, junto al corazón inocente que latía bajo su pecho. La sangre manaba, pintando un mapa de dolor sobre su piel.

Su hermana, con un valor nacido del puro terror, lo tomó en sus brazos, convirtiéndose en su altar y su baluarte. Los gritos de auxilio se mezclaron con el llanto ahogado de la madre, formando un coro desolado que imploraba a la noche. Así, entre la urgencia y la desesperación, lo trasladaron como un frágil tesoro herido al hospital.

Lo operaron de la mano derecha. Salvaron su vida, pero no pudieron borrar la huella. La cicatriz quedó, no solo en su carne infantil, sino en el lienzo de su destino. Aquel disparo, escapado de un juego insensato en una noche de verano, se convirtió en la marca indeleble que, para siempre, narraría su vida: una historia que comenzó con un estallido, un grito, y el rojo oscuro de la sangre bajo la luna de 1965

aapayés

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Bebiendo el sexo de la discordia
















Soy sacrílego
de mis propios versos,
de la poesía absurda
que anida en los intestinos del olvido.

Soy un agujero negro
en el cielo ciego
de la discordia,
una sonrisa imaginaria
grabada en los aranceles del pensamiento.

Y no sé nada
de lo que siento,
de lo que late
en la inmaculada percepción
de un beso desnudo,
ciruleando
entre sombras,
un beso imaginario
en tu boca
con esa lengua tentadora
que acaricia el vacío,
bebiendo el sexo de la discordia.

Soy sacrílego
de la música discordante,
de la poesía
que nace en tus caderas
y en tus caricias,
atadas al cuerpo del poema,
a tu poesía.

aapayés

martes, 23 de diciembre de 2025

En el acantilado del tiempo.




















En la inminencia de no ser
código fiel
a tu geometría;
un roce suspendido
en el límite de la forma,
un naufragio de labios
en el territorio del tacto.

Doblado y desdoblado
en un amanecer
sin testigos,
en la vasta sed
de marcar un signo
en el acantilado del tiempo.

Ya estaba escrito en el sílex,
cuando era apenas
resto de luz
en la llanura
de un océano de silicio,
allá donde la geografía se desvanece.

Y fui, desde entonces,
partícula de canto
en el cuerpo del mundo;
eco sin origen,
resonancia mínima
en la bóveda antigua
del lenguaje.

Acaso,
antes de volverme
únicamente
fantasma de tu querer.

aapayés

lunes, 22 de diciembre de 2025

Mi Compromiso




















Mi compromiso
es con el silencio.
Con cada noche,
con cada instante en que la pluma
teje un verso sin sentido,
única y frágil arquitectura
para habitar el mundo.

Mi soledad,
arquitecta endógena
de un rompecabezas austero,
permanece
en la memoria marchita de un maizal,
en la planicie del alma.

Allí, un vítores anónimo
abro los brazos al sol,
y a la luna,
cuando necesito el calor
y el cariño nocturno
de su luz desnuda a mi lado.

Ante tal misterio, me inclino:
a tus pies,
a la armonía del silencio,
a la poesía de tu cuerpo.

Mi compromiso,
al fin,es con ella:
con la geografía sagrada
que tus formas trazan en la penumbra,
último y primero lenguaje,
mi único y verdadero pacto.

aapayés

domingo, 21 de diciembre de 2025

En los labios de quien amo




















Hay una amalgama
de despedidas.
Una es un"adiós"
tajante y claro
como el agua en las manos,
un beso que no llega,
un silencio.

Das la espalda
y te marchas.
Miras al frente,
llevas el alma en la mano
y escribes,
sin saberlo,
un verso de amor
por lo que ha de venir.

Existe una amalgama
de besos,
pero el que guardo
-el beso de amor,
de ternura y pasión-
es el que perdura
en los labios de quien amo

Se despiden los hombres
de muchas maneras.
Una es esta: un adiós
cortante y puro
como el agua que se escapa,
un beso que se calla,
un último suspiro.

Giras el cuerpo,
emprendes la marcha.
Avanzas con el alma
abierta en la palma,
y sin querer,
trazas el primer verso
de un nuevo poema de amor.

Hay un sinfín de besos
en la memoria,
pero solo uno arde:
aquel de amor,
de ternura y pasión,
el que hoy aún vive
en los labios que no olvido.

aapayés

Relato V - Metamorfosis de la oruga a Mariposas Amarillas












Eran los vientos de octubre los heraldos del cambio. Cada año, en los umbrales de ese mes que despedía al verano y daba la bienvenida a noviembre, un milagro se gestaba en la pequeña escuela lindante con el bosquecito. Los árboles, antaño vestidos de un verde oruga, «cuetanos», se transfiguraban, adoptando un verde fluorescente que parecía alterar la propia textura del tiempo.

A un lado se erguía la Escuela Nacional de Comercio (ENCO), y frente a ella, se extendía el vasto espacio al que llamábamos cariñosamente «el bosquecito». Era un rincón que, bajo el cuidado de Sor Thelma, se había convertido en un oasis sereno: un jardín donde las ninfas descansaban sobre el espejo de agua de pequeñas piletas, emanando una frescura que era un bálsamo en el clímax del calor.

Aquellos mismos árboles, poseídos por su verde luminoso de los cuetanos, culminaban su silenciosa metamorfosis en el mes de noviembre. No era solo un cambio de color; era una transmutación. Los orugas «gusanos» se desprendían, sí, pero para convertirse en un enjambre de mariposas amarillas. Liberadas de su forma arbórea, iniciaban una danza etérea, meciéndose al compás del viento sobre la planicie de la cancha de fútbol, junto a la escuelita que colindaba con el dormitorio de varones -aquel que años más tarde se transformaría en el prestigioso Bachillerato de Artes, el CENAR-.

Desde la lejanía, frente al auditorio y la cancha de baloncesto, el espectáculo era sobrecogedor. Se veía cómo oleadas de estos seres alados, como un manto dorado y viviente, ondulaban al unísono, creando y deshaciendo formas en el aire. Era una escena de pura maravilla: caminar por aquella cancha del Hogar del Niño era como avanzar sobre un tapiz de sueños, sintiendo cómo las mariposas acariciaban el espacio a su alrededor, rozando la piel y el alma con su vuelo ligero.

Con el paso de los años, aquel fenómeno fue desvaneciéndose hasta esfumarse por completo. Nunca más volví a ser testigo de ese sublime espectáculo que los vientos frescos de octubre, noviembre y diciembre nos regalaban. Un regalo que coincidía con las vacaciones escolares de fin de año, un tiempo en el que, paradójicamente, la euforia estudiantil cedía su lugar a una soledad impregnada de belleza.

Hoy no es más que una caricia en la memoria, un susurro nostálgico de lo que fue la Casa Nacional del Niño, conocido por todos como el Hogar del Niño - San Vicente de Paúl, en San Jacinto, San Salvador. Un instante de magia natural, efímero y eterno, grabado a fuego en el recuerdo.

aapayés

sábado, 20 de diciembre de 2025

Duerme




















Duerme
donde la muerte ya no tiene sentido,
y donde el silencio
es el eterno lenguaje del alma.

Que regocije tu recuerdo
en las manos cariñosas
de aquellos cuyo amor
no deja de ser
tu presencia infinita.

Duerme.
Duerme.
Duerme.

Que el camino es breve
para estar contigo.

Donde el no-ser pierde su nombre,
y la quietud
es la única memoria
que vibra.

Donde lo amado
es una forma del aire
en palmas eternas,
y lo que fue vínculo
persiste
como latido sin origen.

Duerme.

Que la distancia
es un pliegue
hacia tu centro.

aapayés

viernes, 19 de diciembre de 2025

En la literatura del olvido




















Vi la noche
de mi existencia,
y en el
no estabas tú.
Ni nadie más que yo.

Al hojearlo,
descubrí
un poema inconcluso.
Y sí,
no estabas tú.

Vi la noche
de mi existencia 
y terminé
rasgándome el alma:
vacía y sobria,
absurda y burda,
como un avión en el paraíso.

Sin reciclar la idea central
del verbo imaginario,
que, tan elocuente,
calcinó la idea central de la vida.

Vi la noche
de mi existencia,
y no supe leer mi infancia,
marginal y locuaz,
en la literatura del olvido.

aapayés

jueves, 18 de diciembre de 2025

En la cama de tu cuerpo




















Tu rostro
contiene el verso espiritual
para convertir tu presencia
en un poema universal.

En el limbo
de tu cuerpo
me desnudo,
como el día en que juntos
quisimos volar.

Tu cuerpo
es un infierno
y un paraíso a la vez:
un cielo de ternura,
un volcán de tentación.
Arde el amor en la explosión,
queda un mínimo margen de ilusión.

Tu rostro
es la luz y la oscuridad
de la poesía.
En el oráculo del placer,
en la orgía de saber,
es, literariamente,
un punto final
de lucidez desnuda
en la cama de tu cuerpo.

aapayés

miércoles, 17 de diciembre de 2025

Conversando a solas




















Ya lo dijo el tiempo:
«No dejes nada,
que no sea la tristeza,
en el camino del olvido.

Que florezca el amor
en el alma de tu silencio,
y la nobleza de amarte
a pesar de todo.»

Y yo aquí,
conversando a solas,
como un abismo sin eco.

Suelto.
Suéltame.
Y déjate llevar
al merecido mundo
del olvido.

aapayés

martes, 16 de diciembre de 2025

La poesía que inventamos.


















¿Se sonroja el crepúsculo
Cuando mis versos acarician
El horizonte de tu boca?

¿O acaso el espejo de tus ojos
Finge la marea
Que en mis palabras anida?

Quisiera ser la metáfora
Que desviste a la aurora
Y tiñe de escarlata
la geografía de tu piel,
Leyendo el mapa
De tu desnudo imaginado
En el lecho de mis sílabas.

¿Palpita el lucero
cuando descifra
La astronomía de poseerte?
¿Un verso navegando
Los ríos subterráneos
De tu piel?

Divagar en la bruma
Es mi ritual de amor:
Escribir con tu aliento
La poesía que inventamos.

aapayés

lunes, 15 de diciembre de 2025

Ante los muertos de mis deseos




















Una caricia,
una mirada,
y un sinfín de palabras
para versar tu presencia.

Un arcoíris de ilusiones
y un beso imaginario
en la merienda del tiempo.

Me lo llevo,
me lo quedo,
y grito sin parar
la agonía de sentir
una caricia
en tu mirada fugaz.

Una mirada,
un perfil desnudo
ante el claroscuro
de la poesía,
de los versos
que emancipan
la ilusión de ser
un verso en tus pestañas.

Me lo quedo,
me desnudo,
y grito tu nombre
ante los muertos de mis deseos.

¡Qué manera de soñar contigo!
Y qué poesía,
pensar en tu regazo
mientras copulo
con la ilusión de tenerte
durmiendo.

Un amanecer,
un beso
y una caricia
con tus ojos dormidos,
acariciando el tiempo.

aapayés

domingo, 14 de diciembre de 2025

Acaricio tu ausencia




















Susurro
Un beso,
y el silencio
se lo hace suyo.

Acaricio tu ausencia
y la poesía se sonroja.

Un paraíso imaginario
en las manos
de un sueño derretido,
como el hielo en primavera,
como el gesto de una despedida.

Susurro
un beso,
y la noche lo secuestra
para bebérselo,
como a un suspiro
recién nacido.

Una caricia
a medianoche,
y la luna se emociona,
escondiéndose entre las nubes.

Susurro un beso,
y el viento se lo lleva.

aapayés

En algún lugar de El Salvador












En algún lugar,
muy lejos de las montañas de mi silencio,
habita un pastor
lleno de poesía y de historia.

Con una mano labra la tierra,
y con la otra,
la txapela vasca,
acaricia soledades.

En algún lugar,
muy lejos de mi infancia,
brota la sangre vasca
derramada en Chalatenango,
en los caminos solitarios
de una lucha compartida.

Pakito Arriaran
y Carmen González:
una gota de lucha revolucionaria.

En algún lugar de El Salvador, para vos,
compañera vasca,
compañero vasco.

aapayés

sábado, 13 de diciembre de 2025

Relato III de un prisionero político en las carceles clandestina de El Salvador









El Cáliz de la Infamia

Eran los días del secuestro y la desaparición, una época en la que el tiempo perdía su ritmo y la oscuridad se volvía tangible. Mi existencia se había contraído hasta caber en un limbo de ceguera y dolor perpetuo: vendado, semidesnudo, con los brazos inmovilizados a la espalda por esposas que mordían la carne. Un short era mi única prenda en aquellas mazmorras de los escuadrones de la muerte.

Incontables horas se habían acumulado, despojadas del consuelo del alimento o una sola gota de agua, mientras era sometido al suplicio insomne de permanecer de pie. Mi cuerpo, un fardo exánime, era arrastrado en las madrugadas lúgubres hacia otro antro, un lugar helado donde el dolor se aplicaba con saña metódica. Tras cada sesión, regresaba a mi encierro como un despojo, medio muerto por los choques eléctricos, la capucha asfixiante y la violencia innombrable que todo lo habitaba. Y cuando el agotamiento quebrantaba los últimos vestigios de mi voluntad y me derrumbaba sobre el suelo frío, la respuesta era inmutable: una lluvia de golpes que, a fuerza de brutalidad, me obligaba a erguirme de nuevo, a persistir en aquel suplicio sin horizonte.

Exhausto, al borde mismo de la disolución, sentía cómo la deshidratación agrietaba mi garganta y nublaba mi razón, convirtiendo cada pensamiento en una sombra. Fue entonces cuando, en un acto de puro instinto animal, decidí arrastrarme. A ciegas, guiado solo por el tacto de mis pies sobre la losa fría, me deslicé hacia el rincón donde intuía el baño. Me incliné sobre la taza del retrete y, en un gesto de suprema humillación, hundí la cabeza en su interior para beber.

El primer sorbo fue un veneno: un líquido espeso, de un sabor y hedor a orines y excremento que se me antojó insufrible. Pero, bajo el asco inmediato, brotó un alivio primitivo, un espasmo de vida que mi cuerpo, desesperado, reclamaba a gritos. Y volví a sumergirla. Una y otra vez, en un rito macabro, apagué mi sed con el agua putrefacta de aquel lugar.

Días después, tras otra vuelta de calvario en las celdas de tortura, repté nuevamente hacia el mismo rincón. Vencido por la necesidad, me incliné y hundí el rostro en la taza. Pero esta vez, mis labios y mi bigote no encontraron solo la humedad nauseabunda, sino la masa sólida y repulsiva de los excrementos. Una náusea visceral, surgida de lo más hondo de mi ser, me recorrió entero. Arranqué la cabeza hacia atrás con un espasmo y con las manos aún prisioneras a mi espalda, inicié un ritual de purificación desesperado del agua putrefacta, una y otra vez vaciando aquella agua inmunda, la suciedad tangible, sino la mancha indeleble de la humillación. Hasta que, agotado y vencido, no me quedó más consuelo que inclinarme de nuevo y reanudar el sacrilegio, bebiendo, una vez más, de aquel cáliz de podredumbre en las mazmorras clandestinas de los escuadrones de la muerte en El Salvador.

aapayés

viernes, 12 de diciembre de 2025

Rodando por la escalera de las nubes




















Un beso de aluminio
y el silencio
se lo hace espejo.

Acaricio tu ausencia
y la poesía pare un pez de sombra.

Un paraíso de yeso
en las manos
de un sueño derretido,
como el hielo que sueña con ser fuego,
como la despedida que construye un puente de saliva.

Susurro
un beso de raíz,
y la noche lo planta
en su jardín de párpados,
para que crezca como un suspiro
con dientes de leche.

Una caricia
a medianoche,
y la luna se desprende
rodando por la escalera de las nubes.

Susurro un beso de semilla,
y el viento lo siembra en la oreja del tiempo.

aapayés

jueves, 11 de diciembre de 2025

La noche de luna ciega












Ya no tengo el verso
que dejaste grabado
en la ventana,
esa que solías abrir
en las noches de luna ciega.

Y tú allí,
esbelta,
desnuda ante la oscuridad del tiempo,
dibujando con tu silueta
la desnudez de tus encantos.

Y escribiste
en el vidrio
el verso más sublime
de tu presencia:

Tu desnudez.

Y yo, anonadado por tu belleza,
escribí
los versos más bellos
la noche de luna ciega.

aapayés

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Ya no habrá labios para el silencio




















Ya no habrá rostro en la mirada,
ni tacto en lo imaginado.

Solo el eco de un día
que germinó sin causa,
un aprender a amar
en la geometría de tu ausencia.

Ya no habrá labios para el silencio,
ni poema que contenga
el vacío de tu forma.

Solo un perfil que viaja
por la herida del tiempo,
un amor que escribe
con tinta de nostalgia.

aapayés

martes, 9 de diciembre de 2025

Los arquetipos del olvido















Equilibrio
desmembrado en el espejo de la memoria.

Fragmentos
coqueteando con el silencio.

En la austeridad
fiel a mi elocuencia interna
escudriñé
los ecos
que una vez desvistieron al pensamiento.

Y en el umbral
mecido por sombras
estallaron
los arquetipos del olvido.

Equilibrio
memoria desintegrada
pura
sin ecos de ironía.

Y yo sin encontrar un punto 
en la memoria 

aapayés

lunes, 8 de diciembre de 2025

Comiendo heces en el cementerio




















Fui tendencia en las noticias  
El día que salí del olvido,  
Siniestro perfil  
El de las cárceles clandestinas  
Con nombres y apellidos  
De los desaparecidos.  

Pero ahí estaba yo:  
Moribundo, ciego,  
En manos de los verdugos.  
Cada minuto, un infierno;  
Cada segundo, un hilo a la muerte.  

Y fui tendencia en las noticias,  
Con un rostro nuevo,  
Resucitado a la fuerza.  
Ahí, maniatado como un loco,  
Como un desconocido,  
En medio de la nada,  
En medio del silencio,  
Mientras las cámaras preguntaban  
mi nombre.  

Silencio.  
Aturdido, abrumado,  
Por el aire arrancado,  
Ausente, ciego,  
Comiendo heces en el cementerio  
De los desaparecidos.  

Fui tendencia, y desde entonces  
Me alimenté de noticias  
El resto de mi vida,  
En las cárceles clandestinas  
Del tiempo y el silencio.  

aapayés

domingo, 7 de diciembre de 2025

La Soledad




La soledad
es un capricho del tiempo,
uno de esos detalles
que se convierten en eternidad
cuando te dejas llevar
por la corriente
del silencio compartido.

Y vuelas al infinito,
ciego y torpe,
con los párpados caídos
y las alas dobladas en la mano,
una mano llena de caricias mudas.

Pero sigues ahí,
aquí y allá,
entre las palabras no dichas.

La soledad
es un capricho del silencio.
No tiene que ver con la nostalgia,
ese gusanillo
que se transforma en mariposas
el día menos esperado.

Y sigo aquí,
y allá,
sin decir un verso de amor.

La soledad
es un capricho sin sentido,
o con el sentido
de ser
un recuerdo en las manos.

aapayés

sábado, 6 de diciembre de 2025

En las aduanas del pensamiento

















Impío soy
de mis versos,
de la poesía absurda
en los intestinos del olvido.

El vientre oscuro 
en un cielo ciego,
la discordia
y una sonrisa imaginaria
en las aduanas del pensamiento.

Y no sé nada
de lo que siento,
de lo que sientes,
de la inmaculada percepción
de un beso desnudo.

Ciruela-ando
un beso imaginario
en tu boca,
con esa lengua tentadora
de acariciar,
saboreando el sexo de la discordia.

Impío soy
de la discordia musical,
de la poesía,
de tus caderas
y de tus caricias,
atadas al cuerpo de la poesía:
a tu poesía.

aapayés

viernes, 5 de diciembre de 2025

Me conmueve el silencio de tu belleza




















Me conmueve
el silencio de tu belleza
y el perfil inquieto
de tu sonrisa.
La dulce tentación
de acariciar tu rostro.
¡Qué silencio tan hermoso!
Qué poesía, tu presencia.

Me conmueve
el silencio de tu belleza,
y trasciendo
a lo más profundo de tu ser
para hacer de mí
un verso inmaculado
de tu sonrisa.

Me conmueve,
sí,
ser un beso en tu silencio
y una caricia
que trasciende el tiempo
y la tentación
de escribir
un verso
en los camances de tu belleza.

aapayés

jueves, 4 de diciembre de 2025

Con tu cuerpo delineando tentaciones















No hay palabras
que palpite tu presencia,
tu inmaculado deseo de amarte.

Un rocío de sueños
invadió la poesía,
el verbo escrito
con tu cuerpo delineando tentaciones.

Y tú, ahí, pura
tan hermosa,
tan fuerte, 
tan tierna,
tan presente,
que ocupas el espacio matutino
y el nocturno deseo de tenerte.

Un verso de amor
con tu cuerpo;
un grito de pasión
con tu presencia.

Seductora imagen
del beso escrito en tus labios,
de tus piernas abiertas a mí,
cual virgen ausente en la poesía.

Que la pasión de la palabra
sea el génesis existencial
de tu presencia:
un beso y un verso
deletreados
en cada esquina de tu cuerpo.

Manantial de sueños
en el paraíso literario,
para enlazar
el poema más elocuente
a tu belleza, compañera
de la poesía literal.

A tu lado y de la mano,
bebiendo un sorbo de ti,
con tu cuerpo delineando tentaciones.

aapayés

miércoles, 3 de diciembre de 2025

Su mano izquierda siembra el tiempo


















Allí donde la memoria se hace eco,
más allá de las montañas de mi silencio,
pastor de sueños
teje versos con la tierra.

Su mano izquierda siembra el tiempo,
su derecha amansa el viento
bajo la txapela oscura
que acuna ausencias.

Donde el río del recuerdo canta,
lejos de los juegos de mi infancia,
florece un roble vasco
con raíces en Chalatenango.

Su savia es el camino
de la lucha compartida,
el mapa dibujado
en la piel de la esperanza.

Pakito y Carmen:
dos estrellas
en la misma constelación rebelde.

En algún lugar del Pulgarcito
germina esta semilla
para vos, compañera vasca,
para vos, compañero vasco,
que en mi pecho habitan
Encumbrado la memoria colectiva 

aapayés

Relato II de un prisionero político en la carceles clandestinas de El Salvador








La noche era de vida o muerte.

A mediados de la semana de estar secuestrado y desparecido en las cárceles clandestinas de los escuadrones de la muerte de la Policía de Hacienda de El Salvador.

Me llegaron a sacar a media noche, de la celda donde me tenían en medio, de pie, todo el tiempo vendado de los ojos y con los manos hacia atrás, y esposadas, sin dormir, sin comer, sin agua y sin nada de ropa, solo el pequeño short que me habían puesto los verdugos del régimen al llevarme cuando me secuestraron.

Me sacan tres elementos fuertemente armados, y me llevan a un vehículo particular, sin placas, vidrio polarizados.

Esto lo hacían cuándo sacaban a los secuestrados y los llevaban a matar, y dejarlos tirados en los basureros de Mejicanos, Cuscatancingo, Santa Lucía, en el Playón...

Llegamos a un río o lago, me sumergieron complemento en el agua, y me disparaban cerca de los oídos, con un sonido espeluznante y aterrador, de sentir el impacto perforar mi cabeza en cualquier momento, así me tuvieron por un tiempo, podrían haber sido la una o dos de la madrugada. Después de un tiempo. Me sacaron y me volvieron a llevar al vehículo y en medio de la carretera, no sé cual o hacia donde era esa dirección, sé que era una calle  helada, fría complemento pagado a mi vientre y pecho.

Uno de ellos colocó mi cabeza de lado y con la bota en el rostro la contramano al asfalto y gritó "DALE" y el vehículo arrancó y se acerco a mi cabeza una de las llantas del vehículo y la puso pegada a mi cabeza, que con un cálculo profesional, encendía y aceleraba el motor moviendo con una fuerza calcula que rozaba mi cabello una y otra vez por un tiempo.

Mi pensamiento siempre fue, que ese día al amanecer, mi familia encontraría mi cuerpo vendado de los ojos y amarrados de los dedos pulgares de las manos hacia atrás sin ropa quizá con el short que me habían puesto...

Fueron los tiempos de lucha revolucionaria en El Salvador y tiempos de esperanza.. a pesar de todo

aapayés 

martes, 2 de diciembre de 2025

La raíz del verbo mental




















Vi la raíz del papeleo
Dentro, tu forma era un vacío.
Solo mi eco habitaba el volumen.

Al descifrar sus signos,
emergió el poema truncado.
Y allí, confirmé la elipsis de tu nombre.

Vi la raíz del papeleo
Y mi alma se desgarró en el proceso:
pura y áspera,
disonante y tosca,
jet en el edén incorrupto.

La raíz del verbo mental
-ardiente en su retórica-
consumió el núcleo de lo existente,
sin reformular su esencia.

Vi la raíz del papeleo
Mi infancia fue un glifo ilegible
-verboso y periférico-
en el gran texto del olvido.

aapayés

lunes, 1 de diciembre de 2025

Paraíso de la celda fría y oscura








Es el paraíso
donde la muerte
abre su raíz.
La oscuridad nace
del silencio.

Un llanto de utopía
se hace concreto:
espalda
vendaje
y el disparo
que florece
en la nuca
o en la terquedad
de una frente.

Es el paraíso
del frío
y la desnudez.
Verdugos
del pensamiento.
Ideas de Pulgarcito,
bandera de nadie,
grito de un eterno
sin papeles
del mundo.

Paraíso
de la tortura
y de la muerte
bajo el verdugo
capital.

La celda es fría
como el invierno  
imperialista del norte.

aapayés