Incauta la ternura se marchita
en un paraíso amordazado por la tristeza.
Un ojo abierto y el otro cerrado:
me contagia la nostalgia de amar
con las manos abiertas al destino,
y una turbulencia consecuente nos toca vivir.
Un calcetín en la mano derecha
y el otro en el pie izquierdo.
La incertidumbre de pensar
me lleva a la locura de creer en ti,
abanico de palabras
cubiertas bajo la lluvia de mentiras,
metidas de patas sin el calcetín en el pie derecho.
Salvaje soledad,
invades los rincones del pensamiento
sin argumento alguno,
sin tentación de besarte.
Beso el poema,
beso las comas y los puntos
y los tiño de amor en el silencio.
No dejo de creer en tus cabellos,
monótono color de tus labios,
brillo imaginario en tus ojos,
amanecer en tus caderas,
virtual genocidio
en los andamios de los recuerdos.
Salvaje soledad,
la que vivo a diario
sin pensar en las mañanas de un amor verdadero.
Siento los ojos cansados
y mis manos se agitan
escribiendo los gestos más tristes del mundo,
los besos más tristes del tiempo,
los versos más tristes del beso,
los labios más tristes del recuerdo,
carcomido por la poesía barata en el rincón del Pacífico,
volando al costado de un aroma caribeño
sin desnudar la piel de la luna,
mirando al sol,
con la sonrisa coqueta en el amor.
Salvaje soledad,
las noches que me toca escribir
pensando en mí.
aapayés