Microbiografía de Adolfo Payés

Bertolt Brecht

Bertolt Brecht

viernes, 1 de mayo de 2026

Esa esquina que no tiene nombre de calle





















Y de repente
estaba allí.
No llegó caminando, no llamó a la puerta.
Apareció
como una grieta en el suelo que no viste venir,
carátula rota de la vida,
de ese amor que nunca pediste
y sin embargo
te quema las manos, la nuca, la lengua.

Ilumina la garganta,
no la imaginación.
Ilumina el hueso.
Y brota en segundos,
no como un verso,
sino como un vómito,
como un espasmo que dobla el espinazo
al sentir tu presencia.

Entonces nacen versos
de rodillas,
con las uñas sucias,
arrastrándome por el suelo frío
ante tu inmaculada
silueta desnuda
en la cama del asombro.
Tu figura derrama
algo que no tiene nombre,
algo que los médicos no saben curar
y los curas no saben bendecir.

Y ya le dirás al viento,
cuando yo no esté,
cuando sea solo una mancha en la memoria del colchón,
que este instante
trasciende la vida
como un golpe en el estómago,
como una herida que elige cuándo sangrar,
cómo respirar,
a quién nombrar antes de morir.

Porque mi tiempo es esto:
el tiempo que te arranco
como se arranca el pan caliente
con los dedos quemados.
Aroma de mi poesía,
sí, pero también
restos de tu piel bajo mis uñas,
tu poesía.

Y de repente
estamos aquí,
los dos,
leyendo versos de amor
como quien lee un diagnóstico
en la esquina del tiempo,
esa esquina que no tiene nombre de calle,
solo vértigo y saliva.

Qué del cielo,
qué cielo ni qué cielo.
No hay cielo.
Solo yo
con la respiración rota
haciéndome cargo
de todo esto
que no pedí
y que ya no puedo
devolver.

aapayés