Tengo un párrafo imaginario
en la médula de un espejo roto.
No describe:
gira
como un caracol que olvida su concha.
Plasma tu presencia
y la incólume belleza
de tu ausencia
esa flor que nace del revés.
¿Sabes?
Escribo poesía
(tu poesía)
con la tela de araña de tu silencio.
Amome
Amote
en un cuarto cuyas paredes son de espuma,
haciendo el amor a escondidas
de los relojes mancos.
Si leyeras el alma,
sabrías que el cielo y tierra
se te enredan en los párpados,
que la luna te cose los pasos.
Ese párrafo que plasma
en algún subsuelo del alma.
Tiene mucho que decir
del tiempo que se ahoga en un vaso,
de tu ausencia que es un pájaro sin alas,
de la distancia
esa cuerda floja entre dos espejos,
de esta memoria que se encoge
cuando tu no estás,
como un guante que pierde su mano.
De este silencio que carcome la desnudez
de la poesía muda,
esa que tiembla
si no encuentro
ese renglón escrito
y escondido en el vientre de mi propio eco.
Mi memoria, huérfana sin ti,
arde
con una llama que no calienta,
que solo dibuja sombras de un renglón
que nació para plasmar
el amor eterno de tu presencia
-pero que ahora viste la ceniza de decir tu nombre
en un idioma que nadie ha pronunciado.
aapayés

