Cuando te hayas ido,
acariciaré la imagen ausente
de lo que no fue:
aquellos días en que construíamos estrellas
y deshojábamos tentaciones
que iluminaban versos.
No dejaré marchar a gritos
el pensamiento
que contagia la ilusión
de seducir la palabra,
la elocuente sensación
de sentir el aliento
en la lectura alucinante
de esos ojos,
de esos labios
besando la poesía
que idolatra
las tertulias del paraíso
perdido,
dibujando soledades.
La noche es corta
cuando se vive a gritos
la ausencia
de la poesía.
Ayer dibujé estrellas
en el crepúsculo literario
del alma demente
que aniquila la audacia
del día,
que llegó sin avisar
que la noche
sería cómplice
de la nostalgia.
aapayés











































