Sobraron las palabras de amor
que un día hicieron de ti
un poema escrito
en el cielo de tu presencia.
Pero se marchó
la idolatría obtusa de ese amor
que tantos versos y pasión
abrigaban el deseo
y la inspiración de amar,
y se convirtieron
en palabras huecas,
mudas y sin sentido.
Sobraron las palabras
que bañaban de amor
las nostalgias de luna llena,
las caricias en las páginas literarias
y las tentaciones,
idolatrando la esperanza
de ser
un poema de amor en tus labios.
El silencio de la noche
es cómplice de mis deseos.
Al menos
para seguir escribiendo
versos noctámbulos
y huérfanos de amor,
cómplice de la lectura.
aapayés

