El amor se desliza
como un río de espuma
dentro de la mirada.
La sonrisa es un eco
de luz recién nacida
en el bosque del encuentro.
Las caricias no mienten:
son pájaros de sombra
que vuelan bajo el párpado.
Y el alma se lee
como un libro de agua:
sobran las sílabas,
flotan los espejos.
Solitario como un sueño
que olvidó su orilla,
me dejo llevar
por tu presencia de niebla.
Nacen entonces tentaciones
de cristal líquido.
La mirada cómplice del amor
brota por los poros del silencio
-y las palabras
son hilos de saliva lunar
escritos con los ojos
desde tu presencia invertida.
Me dejo llevar
hacia adentro, hacia el fondo
donde el tiempo es un círculo de musgo.
Y acaricio en silencio
tu mirada:
una fruta cerrada,
un animal de aire
que respira en mi pecho.
aapayés

