Meriendo la nostalgia
-lento pan del silencio-,
y rasgo con los versos
un arcoíris que aún tiembla,
parido por la luz
que tuvo el amor cuando era poesía.
Leo y releo las sílabas
donde parió tu presencia
su ternura de ausencia,
en ese jardín prohibido
de vivir creyendo todavía,
de merendar poesía como un fruto.
Hay una lámpara diminuta
ardiendo donde fuiste:
inmaculado renacer del tacto,
amor sin hora,
diosa pequeña de la entraña.
Siento entonces
no con la mente,
sino con la herida.
Pienso con la saliva del verso.
Escribo con lo que arde
en los renglones imaginarios del alma,
ungida todavía
por la poesía
que fue tu cuerpo.
aapayés

