Y de repente
estaba allí.
Carátula rota de la vida,
de ese amor que no pediste
y te quema las manos.
Ilumina la garganta,
no la imaginación.
Brota en segundos
como un vómito
al sentir tu presencia.
Y nacen versos
de rodillas,
arrastrándome
ante tu inmaculada
silueta desnuda
en la cama del asombro.
Tu figura derrama
algo que no tiene nombre.
Ya le dirás al viento
que este instante
trasciende la vida
como un golpe,
como una herida que elige cuándo sangrar.
Mi tiempo que te arranco
como al pan caliente,
aroma de mi poesía,
tu poesía.
Y de repente
estamos aquí,
leyendo versos de amor
como quien lee un diagnóstico.
En la esquina del tiempo
no hay cielo.
Solo yo
haciéndome cargo.
aapayés

