Guardo
en la grieta de un dios olvidado
el beso que dibujaste
sobre mi silencio herido
-amor impoluto,
bestia de nieve-
mientras tu presencia
se desangra en espejos.
Escudriño
los versos que germinan
sin raíz ni porqué.
Hoy tu silueta
brota del horizonte al revés,
escribe con los pies descalzos
sobre el lomo del viento,
y su andar desnudo
raja la soledad
hasta que de ella mana
la majestad absurda
de tus caricias sin tacto.
Guardo
Sigilosamente
tu cuerpo (que ya es sombra)
dentro del poema
que no arde en el tiempo
sino que lo habita
como un eco sin origen.
aapayés

