Pinté la luna
como si dibujara tu rostro,
tu cuerpo,
tus caricias,
tus virtudes.
Y sin saber por qué,
pinté también tus defectos.
Al terminar,
contemplé la luna
y comprendí
que esos defectos eran los míos.
Entonces supe, al colorear tu belleza,
que lo imperfecto en ti
es la perfección misma del ser,
un suspiro fugaz
en este inmenso universo
de dificultades.
Yerras en muchas,
aciertas en todas,
sin dejar una coma
en cada verso de tu mirada.
Pinté la luna
y el cuerpo de tu belleza
se hizo verbo
en los colores de mis ojos,
de mis pinceles,
dando vida
a este amor
que grita a cielo abierto
tus errores
para borrarlos
con mis aciertos.
Sin saberlo,
lo aprendí de ti,
modelando ante la luna,
desnuda en mis manos.
Ya no me queda duda:
lo imperfecto
es, en esencia,
la perfección misma de tu belleza.
aapayés

