Hoy escuché
un segundo musical de Yazz
y, sin saber por qué,
tu nombre se posó sobre el silencio,
y el reloj de tu nombre
se deshizo en el aire.
De alguna manera abstracta
supe
que la música te parecía
y tenía tu rostro:
el ritmo era tu paso,
la pasión, tu presencia,
una ventana con olor a ti,
una puerta que respiraba tus pasos,
y cada nota,
un pliegue de tu ausencia,
un pez de luz
nadando en el río de tu ausencia.
Escuché
un segundo musical del tiempo
y el reloj de tu nombre
se deshizo en el aire.
De alguna manera abstracta
supe
que la música tenía tu rostro:
el ritmo era un ave
aleteando con el viento,
la pasión, una puerta que respiraba,
y cada nota,
un pez nadando en tu ausencia,
y una caricia postrada
en mi regazo.
Imaginé tu silencio junto al mío,
y en ese instante comprendí
lo inverosímil de tu presencia
cuando apenas escuchamos
el latido inequívoco de un beso
acariciando las tentaciones compartidas.
Imaginé tu cuerpo junto al mío,
dos ríos quietos en la misma orilla,
dos hamacas meciéndose
en un mismo árbol,
dos habitaciones danzando,
y en ese instante comprendí
lo terco que es el amor
cuando apenas escuchamos
el latido inequívoco del corazón.
aapayés

