Eres el placer eclesiástico
de mis tentaciones,
la debilidad eucarística
de mi poesía,
y el pecado original
de mis flaquezas.
Oriundo soy
de la nada.
La muerte está a mi lado
y el origen de la palabra
nace de mis errores,
manuscritos perdidos
por el camino.
Eres el acento
del corazón olvidado,
y del guion
que dejó de ser
ese espacio literario
para putear a solas.
Eres el capricho bíblico
de mis oraciones
cuando pienso en ti.
aapayés

