Vi la noche
de mi existencia,
y en el
no estabas tú.
Ni nadie más que yo.
Al hojearlo,
descubrí
un poema inconcluso.
Y sí,
no estabas tú.
Vi la noche
de mi existencia
y terminé
rasgándome el alma:
vacía y sobria,
absurda y burda,
como un avión en el paraíso.
Sin reciclar la idea central
del verbo imaginario,
que, tan elocuente,
calcinó la idea central de la vida.
Vi la noche
de mi existencia,
y no supe leer mi infancia,
marginal y locuaz,
en la literatura del olvido.
aapayés

