Microbiografía de Adolfo Payés

Bertolt Brecht

Bertolt Brecht

sábado, 14 de febrero de 2026

La desnudez de su silencio




















Su mano fue un río 
que ascendía,
un relámpago tibio 
que me tendía la escalera de caracol 
de su espina.
Acaricié el alma 
-era un panal de ecos,
sus sentidos: 
cinco puertas abiertas 
a un mismo jardín de cristal quebrado.
Y ese grito de amor,
mudo y azul como el interior de una amatista,
brotando de la geología secreta de su silencio.

La desnudez de su silencio no era ausencia:
era un bosque de símbolos 
donde los espejos bebían de su propio reflejo,
un cuenco de arcilla cósmica desbordando mi imaginación.
Imaginación de tenerla
escribiendo poesía 
con tinta de constelaciones 
sobre el pergamino de mis deseos,
donde cada línea 
era un nervio expuesto 
al aire eléctrico de la noche.

Y solo brotaron besos 
-no besos,
sino frutos de un árbol 
cuyas raíces beben directamente del sueño.
Los versos se expandieron 
como líquenes o como humo inteligente,
trepando por la geografía cálida 
y cartografiada de su desnudez,
subiendo por los valles de luz 
y las colinas del tacto,
hasta alcanzar la cumbre roja 
y húmeda de sus labios,
que se abrían como el pétalo final 
de una rosa hecha de tiempo puro.

Me tendió su mano 
-una llave de hueso y luz-
y al cerrar los dedos, no tomé carne, 
sino el manuscrito ardiente.
Hice mía su poesía:
un animal vivo, 
dorado y plural, 
que anidó en mis venas
y comenzó a cantar con mi propia sangre.

aapayés