Con la imaginación tácita, un pájaro de yeso,
recobro el preludio del beso que nunca fue saliva,
sino mapa de un amor que se negó a llegar.
Y así, con la ilusión intacta como un fruto prohibido,
creí en la dentadura del viento,
en su lengua de salmodias antiguas.
Me refugié en el claustro inmaculado de la poesía,
una habitación sin paredes donde el eco tiene ombligo.
No puedo escribir sin ti.
Y si el alma palpita es solo porque
el deseo del amor aprendió a volar sin plumas,
se fugó con la cola del viento,
dejando solo el rumor de su latido en mi costado.
Un anuncio circular en el periódico del sueño
proclamó la desnudez de la poesía:
“Se busca contigo en las cercanías de la tormenta,
aquella que un día dejó de ser un verso
para gestarse en el vientre del viento
y nacer como un relámpago sin trueno.”
aapayés

