Un cosquilleo sin epidermis
flota sobre los mapas de las manos.
Es la gramática líquida
que traza te amo y te quiero
en un idioma de aire,
sin pausas, sin bordes,
solo el elemento puro
del enamoramiento
hacia tu silencio geométrico.
Es la fórmula homogénea
del te amo perpetuo.
El cosquilleo germina
en el borde de los labios,
al evocar la sílaba de tu nombre.
La lengua dibuja
la hidrografía de un cuerpo
que ya es paisaje reciclado
en el abanico de todos los soles
que encendían tu nombre.
Anatema vegetal,
lujuria fosforescente
por un tú ausente,
en el anonimato del exilio interior.
¡Oh, palabra ahuecada,
profunda y profana,
besando el vacío
en el laberinto sin centro!
Tengo entre los dedos
el cosquilleo de un amor
que es ausencia pura,
polvo de constelación
sin astro que lo nombre.
aapayés

