Vertir cordilleras de ímpetu
en un espasmo de luz prolongada.
Vacila el despertar de la tinta
entre hebras de sueño alfabéticas.
¡Qué obstinado vértigo,
qué geografía torcida
para hallarte!
La última vez que dejé de verte
te deposité un espectro en clave de amor:
los poemas que nunca fueron tinta,
sino sudario en tu epidermis;
mi boca fue un alfabeto ambulante
tatuando ausencias en tu desnudo.
Vertir páramos de anticipación
en el océano de tu reclamo,
fundidos al hechizo de descifrar
tu atlas corporal
al alba del porvenir.
aapayés

