Sosegado
Por la incoherencia matinal
me sobrevino
un arcoíris de imágenes
que acariciaban
el menester placer de tenerte
con una caricia huérfana
del viento moliendo
el verso de amarte.
Y supe, sin darme cuenta,
que la imaginación
es un parásito del placer,
un deseo abandonado
en el hospicio del olvido.
Sosegado
y ausente de ti,
me inclino a la partida
para escribir
un verso en el malecón
de tu silencio desnudo,
con la ingenuidad
de un colibrí que busca miel.
Te dejo
y me inclino
al placer de leer
tu cuerpo en primavera
y, en invierno,
al calor de tu ausencia.
aapayés

