Una caricia imaginaria
me recorre las manos.
Es la elocuencia
de escribir te amo
sin signos,
solo con el simple hecho
de estar enamorado
incluso de tu silencio.
Es la forma única,
continua,
de decirlo.
La misma caricia
me nace en los labios
al decir tu nombre.
La lengua busca
la humedad de tu cuerpo
en el aire.
Reciclo la ilusión
que brillaba
cada vez que escribía tu nombre:
un hechizo emocional,
este deseo por ti
que persiste sin ti,
en el anonimato
de este exilio.
Qué palabra tan honda,
y a la vez tan vacía,
besar tu ausencia
en el laberinto del olvido.
Sigo teniendo
en las palmas de las manos
el cosquilleo del amor.
El que sobrevive
sin ti.
aapayés

