Que el verbo sea un verso
en la cripta de la poesía olvidada,
donde el amor yace crucificado
en el andamio del silencio.
Un relámpago incómodo,
un accidente de luz,
con la herida literaria
de esos versos que nunca terminan
y solo laten
en el hueco de una cripta vacía
a la espera de su nombre.
Que el verbo sea un beso
por el amor que nunca tuve,
y por la ilusión de ser
un caminante sin mapa
en la enciclopedia del pensamiento.
Que el verbo sea un nudo,
un rompecabezas en la esquina
de la peregrinación,
frente a la poesía inconclusa
de mi propio destino,
elocuente y locuaz
como un loco atado al pulso
de un amor que siempre tarda.
Soy la cripta.
Sí.
Esperando mi destino.
Que el verbo sea un beso
en el epitafio de mi silencio.
aapayés

