Me suscribo
al destierro de amar,
a esos deliquios donde el amor
desborda su propia orilla.
Y en ese hilo que teje la sombra,
me deshago ante ti,
inmaculada tentación
de un beso que no tiene prisa,
que no tiene amor,
pero arde con la pura lumbre
de ser apenas un suspiro
en el borde de tu existencia.
Ante el suplicio del destino,
incierto como la melancolía
que habita la noche,
me abandono a la poesía del silencio,
donde cada palabra es un eco
de lo que no fuimos.
Me suscribo a ti,
soledad marchita y eterna,
raíz de este amor
que llevo en el bolsillo del exilio,
como una llave que ya no abre puertas,
como un mapa sin tierra.
Me suscribo,
oh menester placer de la poesía,
a tu vértigo, a tu herida,
a la dulce condena de nombrar
lo que nunca termina de irse.
aapayés

