Estoy como el tiempo suspendido,
como las nubes grises e inquietas
que aguardan la tormenta.
Me refugio en el escritorio de la noche.
La tempestad anuncia
un advenimiento de versos.
La poesía desnuda mi silencio
y vierte la belleza del alma,
pura y casta,
antes de que los ojos del lector
la devoren
y hagan suya
la imaginación de leer
los versos que en la noche
brotaron como lluvia
en pleno invierno.
Estoy como el tiempo,
devorando el alma
del silencio.
aapayés

