Qué larga se hace la noche,
qué inmensa su piel oscura,
cuando tu nombre es la ausencia
que viste mi desventura.
Nace un lúgubre manjar,
un pan de sombra y desvelo,
que sólo sabe a tu recuerdo
y a la miel de tu desvelo.
El pensamiento, ave torpe,
pierde su rumbo en el cielo,
aleteando tentaciones
que son espejos de hielo.
Disfrazo entonces la tinta
con versos que son jilgueros,
camuflando en la blancura
el hambre de los renglones.
Miento bienaventuranzas,
firmo pactos con el sueño,
mas sé que sin tu mirada
mi voz es un bosque seco,
que no daría ni una rosa
al amor, que es jardinero.
Y en estas largas noches
de tentación por nombrarte,
intento escribir un verso
que el viento quiera llevarte.
Un verso que agite el alma
de este espectro que no muere,
pero que vive en un perpetuo
presente en que no atardece.
Vive sin luz, sin tus manos,
en estas largas noches
de poesía que estremece.
Que esta noche interminable,
este reloj de agonía,
se vuelva dulce elixir
en la copa de tu boca.
Que pueda beber tu sueño,
que es el mío, en una sola
gota de sueño compartido.
Que esta larga noche de amor,
por ti, por tu nombre, mío,
deje al fin de ser ausencia
y se desvanezca en frío.
aapayés

