Quiero escribir
algo que no habite en mi pensar;
lo intento, y solo alcanzo a hallar
lo que ya existe en mí, sin más.
Ladran los perros,
ladran los rufianes,
y el destino se acerca caprichoso,
sonrojándose ante el sol,
ante el cielo y las estrellas
que reúnen las siluetas de mi vida:
de niño,
de adolescente,
de viejo,
y así.
Ladran las estrellas,
iluminando a medianoche sus gritos compartidos
con el olfato del silencio
que carcome mi camino.
Ladra el sol,
ladran las estrellas,
ladran con porfía los rufianes.
aapayés

