Encontrar esa imagen
que la soledad despierta,
ese inquilino misterioso,
eterno y solitario del amor,
que grita a capela
con el alma herida
de siglos derretidos
en la miseria imaginaria
de un verso clavado en el corazón:
latido inexistente
por un amor
que nunca llega.
Ese es el origen del silencio,
de la soledad
inalienable de la vida.
Una cosquilla
que trasciende
en esos momentos
que la vida reclama
para sonreírle al desquiciado mundo
de la vergüenza,
de la ironía inmaculada,
del olvido.
Encontrar esa imagen
que la soledad despierta.
aapayés

