Eso ya es de otro mundo.
En el mío,
me basta con escribir,
descubrir las palabras
y anidar la imaginación,
el sentir,
y acariciar la anomalía
del pensamiento.
Si hoy pienso en ti,
no soy yo
quien esboza la nostalgia,
ni el pensamiento;
es el algoritmo espiritual
del olvido.
Me grita la ausencia
y borra versos
que deambulaban
por el ande de la calle,
ese camino inhóspito
que, vacío y frío,
me enseñó a ser sincero
con la felicidad marchita.
Ya no estoy para ser feliz.
La felicidad es un frasco
de pensamiento
que aniquila por un segundo
la soledad.
Para mí, la soledad
es la manera de creer en mí,
escribiendo poesía
con algo de tiempo
para doblegar esa sonrisa
que llama a mi puerta
sin decir mi nombre.
Y yo…
para eso ya no estoy listo,
para ser feliz.
aapayés

