Escribí la ausencia de tu partida
y me sumergí, austero y ciego,
a escribir un verso de amor
sin ti.
Qué verso tan profundo leí en mis manos
al tararear un guiño de amor
en la esquina de mi habitación.
Una mano amiga, imaginaria,
me dio la bienvenida
a tu ausencia de tu partida.
Y no volví a ver hacia atrás:
lo nuevo se hizo verbo
y mis manos taladraron
poesía pura de un beso,
fresca manera de escribir tu nombre.
Escribí la ausencia de tu mirada
y el silencio se hizo mutuo
entre tú y yo.
El hábito verbo- entre nosotros.
Una libélula marchita
acarició mi rostro
y dibujó un vuelo de arcoíris
en medio de las dificultades.
Me atormenta tu ausencia,
pero al escuchar
el verso celestial de la palabra
con tu voz ausente y fría,
me dio escalofrío
al saber que la noche es
un grito en el cielo
de un amor
escrito
con la ausencia de tu partida.
aapayés

