Te convido a deshojar la noche,
a desnudar el cuerpo cómplice
que se abre, página ardiente,
a la entrega sin reservas,
al placer que se escribe solo
en la piel que te reclama.
Ven a deshojar el deseo
que me quema cuando siento
la caricia de tus pasos
acercándose en la sombra.
Deshójame, y hazme el amor
bajo el dominio dulce de tus labios,
de tus piernas entrelazadas,
de tu sexo que pronuncia
el grito mudo que mi silencio guarda
en lo más hondo de mis entrañas.
Hazme todo, y déjate llevar
por el vértigo que abruma,
por la marea del placer sin orillas,
por la esencia tuya de mujer
que se derrama elocuente
en caricias que este cuarto
desnudo aprende a nombrar.
Te invito a que me castigues
con tus labios,
a que deshojes mi sexo
con tu boca,
a que humedezcas cada rincón
de este cuerpo que te invoca.
Te convido a deshojar la noche
de mi piel,
que arde en tus versos
con las piernas abiertas a mi poesía,
mientras un beso deshoja, lento,
los sentidos que aún no se han dicho.