Me robaron la vida
y se hizo viento,
hebra de un aliento que no tuve,
fulgor de un eco que encendí
en las horas ciegas,
en los días sin herida,
por un amor que nunca fue,
que apenas supe descifrar
como quien busca en la ceniza
la forma de un beso
huérfano,
profano,
tendido entre el cielo y el infierno
como una lengua de fuego
que no cesa
y no quema,
solo arde.
Me robaron el destino
antes de que llegara,
en la grieta del silencio,
en la curva del adiós
que no tuvo nombre,
que no tuvo rostro,
solo el peso de una verdad
inmaculada y cruel
como un ángel sin espada.
Me robaron la vida
el día que dije te amo
sin saber aún
que esa palabra
era el silencio
de otra palabra
que nunca aprendí a decir.
aapayés

