La ausencia no se come,
se respira,
es el pan que muerdo sin hambre,
el aire que llena mis pulmones de vacío.
A veces el pensamiento
es un reflejo empañado,
y la ausencia es eso:
habitar la casa del silencio
y convertir su eco en verso,
en temblor de tinta sobre el hueso de la noche.
Merodear desde las raíces del pecho,
donde el alma de la palabra
se desangra para seguir ardiendo,
para que el canto no sea una herida,
sino un modo de seguir vivo
mientras todo se apaga
mientras todo se esfuma
aapayés

