Tu mirada es un universo
de ojos que luchan contra el olvido,
un vasto reino de tiniebla
donde el silencio tiene raíces
y los gritos se pudren sin eco.
Universo, que a veces,
se convierte en arena amarga y horizontes rotos.
Pero si en esa hondura de tu mirada sin nombre,
en ese latido oscuro del universo,
se enciende tu mirada-
claridad repentina,
fulgor de luna entre las estrellas-,
y tu perfil dibuja una frontera
de luz y de sonrisa,
y tu cuerpo es un canto sin mancha,
una espiga dorada en el vértigo,
entonces todo cesa:
el dolor es un pájaro que huye,
y un solo segundo de tu presencia
me basta para tejer la eternidad.
Tu mirada
donde la savia guarda la memoria
de lo que fuimos,
donde el tiempo se deshoja
y el cielo se abre como una herida
que enseña su costado de tormenta.
Allí aprendí que vivir
es un temblor incansable,
un afán de raíces en la piedra.
Pero tu mirada también canta
su himno de ausencias,
merienda de sombras
que la noche convoca.
Y si el silencio me hiere
como un hacha de niebla,
si no hallo en tu cuerpo
un guiño de lumbre,
un destello de amor que no llega,
entonces que el viento me borre,
que el musgo cubra mis pasos,
porque de nada sirve el silencio
si no arde en él tu nombre.
aapayés

