I
Robé una sonrisa
que no era mía,
sin saber que sus labios
ya eran tinta en mi sequía.
La escribí, sin querer,
en la página viva
de tu rostro,
poema de carne y luz,
sublime geometría de la ternura.
II
Aún cuento las monedas
del instante,
la efímera moneda de la ilusión,
y acaricio la niebla
donde imaginé un beso,
sublime,
naufragando
en la orilla del olvido.
III
Pero allí,
en la hendidura de los días,
queda la herida luminosa
de esa sonrisa.
Esa que un día,
sin permiso,
transfiguró tu ausencia
en el verbo callado
de mi poesía.
aapayés

