Recorrí la historia
como la vida imaginaria
de tu cuerpo.
Me leí a solas
el jardín de tu belleza.
Conté los poros,
tus lunares,
tus cicatrices,
tu memoria bajo mis yemas.
Y sin saber por qué,
pensé en el horizonte
de tu tentación:
un poquito de allá,
un poquito de acá,
y todo se unió.
Sin darme cuenta,
compuse la ilusión
de tenerte a mi lado.
Pero no estabas tú,
solo el deseo de amar,
de amarte y de sentir
una lágrima de tu presencia
humedeciendo mis versos.
Tampoco estabas tú
leyendo la poesía
que por siglos, por ti,
palpitaba en mis vísceras,
en mis sueños,
en todo… menos en ti.
Para ti escribí poesía,
por ti lo di todo,
sin pensar,
sin temor a seguir amándote
el resto de mi vida.
Y sí,
tampoco estabas tú,
allá,
aquí conmigo.
Y sin ti, la poesía
es un universo sin astros,
sin las constelaciones
que concatenan el ritmo
de la existencia.
Y aun así, recorrí la historia
sin ti.
Y sin embargo, pienso en ti.
Sigo creyendo en ti,
sigo amándote,
sigo sintiéndote,
sigo escribiendo por ti,
sigo soñándote
como el primer día
que hicimos el amor,
leyéndonos,
mirándonos.
Y recorrí la historia de amor
por ti.
aapayés

