
Monet calcó con su miopía
los colores que no vemos,
cuando las musas aletean
en el jardín horizonte de la vida.
Renoir se acercó para decirme
que las mujeres eran la esencia de su creación:
belleza, alma, tez sensual de su pincel,
presencia hecha armonía de colores.
Impresionados, otros pintores
parieron el impresionismo;
Renoir, en cambio, siguió calcando
la silueta femenina.
Tiziano brilló tanto en Venecia
que las estrellas mismas
combinaron sus colores con la vida.
El azul y el naranja
lo hicieron heredero del cielo;
sus musas unieron rojo y verde,
la esperanza aleteando entre los ángeles.
Rembrandt, con sus claros oscuros,
reflejó el tiempo de crisis que vivía,
disparando los lienzos al presente mundo,
carcomido por la avaricia
y la miseria crucificada en el silencio:
verso del pincel, pintando sus delitos.
aapayés
