Un refugio
Citó al alma
que deambulaba,
obscena y ciega,
por el barrio de mi silencio.
Y el grillo grita mi agonía
y danza sobre mi propio cadáver,
mutilado y mudo.
Agoniza la sabiduría del placer
de ser
un grito en el olvido.
Un refugio
para merendar
la ausencia de lo vivido.
Soy la pandemia amorfa
del que siempre quiso
ser una caricia en tu paladar,
del alma.
Mi cuerpo putrefacto
por el pecado de amar
se acongoja
en el almacén de la perfidia.
Allí donde nací,
pariendo soledades,
amando tentaciones.
El refugio
citó mi último aliento
antes de gritar tu nombre.
aapayés

