No pierdas de vista
el tiempo,
ni ese cielo que te nombra.
Porque la tempestad
ya lleva escrito tu nombre
y el destino
se teje con la sed de amar.
La nostalgia
me desboca inquietudes
que saben a fruta amarga,
y a dulce mesa de versos compartidos.
No comulgo con el odio:
el amor sin otro precio que sí mismo
es más cierto
que el sol naciendo cada madrugada.
No pierdas de vista
el tiempo,
porque el destino
anda atado a la curva de tus pasos,
como una imagen celestina,
un amor vestido de cielo
en el mundo inventado
de un espantapájaros
que dicta versos de lluvia
y besos en medio de la tormenta.
No pierdas de vista
la vida:
es un pestañeo,
un abrir y cerrar de ojos
en el mismo latido.
aapayés

