Tiembla el alma,
hilo tenso en la penumbra,
y se aferra
al viejo dilema
del ser y el pensar
esa grieta donde habita
lo que no existe
más que en la imaginación:
ser un asteroide huérfano,
perdido en el océano del pensamiento.
Abruma la duda
como una niebla sin orillas,
esa mirada que se desgrana
en el infinito espejo
de quién fui,
qué hice con mis manos rotas,
qué rostro finjo ser
mientras el tiempo pasa
como un río que no moja.
Hago, deshago,
y lo que no hice aún
pesa más que la ceniza.
Nada.
Solo el vértigo de estar
sin estar del todo.
Tiembla el alma,
y el alba -lenta herida-
acaricia el despertar
de un amanecer sin sol,
un sol que ardió en otro cielo
y aquí solo es recuerdo.
Vaciamos la adrenalina
de vivir
como quien vacía una copa
que nunca estuvo llena,
de seguir soñando
un sueño que no prende,
un sueño que me sueña a mí
y no amanece.
Me quedo, entonces,
con la duda del ser y el pensar,
con ese temblor hermoso
de no saber si existo
o apenas me estoy inventando
en la quietud del alba.
aapayés

