Y de repente
estaba allí:
carátula de la vida,
de ese amor inesperado
que ilumina la memoria
y brota en segundos
al sentir tu presencia.
Nacen versos
de rodillas ante tu inmaculada
silueta desnuda
en la cama del asombro
que tu figura derrama.
Ya le dirás al viento
que este instante
trasciende más allá
de la vida,
en el tiempo.
Mi tiempo que te regalo,
aroma de mi poesía,
tu poesía.
Y de repente
estamos aquí
leyendo versos de amor
en la esquina del tiempo.
Del cielo
yo me hago cargo.
aapayés

