¿Qué obra en ti,
oh fuerza del anhelo,
que hasta el deseo
se vuelve sagrada poesía?
Y tu presencia,
lámpara de sonrisa perpetua,
en la noche adversa de la vida.
Busco,
con devoción de sombra,
el labio ensordecedor del beso,
la hostia de tu presencia,
abrumadora de versos eternos.
Y de tu amor
hágase una metáfora elevada,
incienso de ilusiones
que asciende por los poros del silencio,
amén.
aapayés

