Un mapa de vértigo
-líneas en la palma-
rumbo a un centro
que se desplaza.
Un torbellino quieto,
un amor que no cesa
de arder en la lejanía.
Dijo el pájaro:
«El día del enamoramiento
el aire latió en mis plumas,
y fue el viento
quien borró los lindes
entre el vuelo y la caricia,
entre el recuerdo y su nombre.»
La solvencia es
un silencio inclinado,
precipicio hacia un origen
que se reinventa
en el sueño que acude
cuando se piensa
en la ausencia.
La solvencia es
el gesto que no se esperaba
y, sin embargo,
era exacto.
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