La poesía es un reloj de miel que sueña
donde el alma abre sus ventanas cuadradas
y el amor -abismal, seglar-
es un pez de yeso nadando en el té de lo cierto,
mientras lo incierto cosecha estrellas verdes
en la melancolía líquida del tiempo.
Silencio permanente, pensamiento de mármol blando.
Abanico de tentaciones que florecen en la muñeca.
Delirio emocional de la vida que se deshilacha
como un vestido antiguo bajo la lluvia de números.
La soledad es un violín de sal
tocando la memoria descalza,
interior abandonado
en el álbum de los acontecimientos rotos.
La poesía es el instante en que la lámpara escribe sola,
trasciende el tiempo como un árbol que camina,
algoritmo de jade que palpita
en las venas literarias del pensamiento,
oriundo del beso entre la vida y la muerte,
amor que es una escalera de seda
subiendo por la espalda del silencio.
La poesía es el éxtasis del espejo que siente todo en uno:
alma de cristal ahumado,
amor de sombra proyectada,
mujer eterna que amamanta relámpagos.
Un beso al mundo exquisito de la poesía,
donde los versos son semillas de eco
y las palabras crecen con raíces de aire.
aapayés

