Un sonido que todos repiten,
una sílaba gastada en el viento,
un río seco en los labios.
Habitan un mundo de ruinas,
donde todo gesto puro
es un jeroglífico a la intemperie.
El beso que es un eclipse,
la caricia, geografía fugaz,
el abrazo, arquitectura del vacío,
la mirada, un espejo empañado.
Solo la palabra que nace del silencio,
puede, con su luz suave,
acariciar el alma desnuda
del que espera oírla.
Es la raíz del grito y del silencio,
la savia secreta del instante,
la única respuesta
a la feroz pregunta de estar vivos.
aapayés

