Tengo el féretro del pensamiento,
listo para escoltar su último aliento.
Moribundo yace el amor,
dilapidando sentimientos
que un día fueron
el génesis de la poesía.
Placentero es perderse
en las tertulias del inquilino imaginario,
en la soledad escrita de la noche.
Oscuro es el amor placentero
de tenerte, al menos, en los versos
que todo el tiempo se desnudan
para coquetearle al féretro,
ese que aguarda, puntual,
para ser el obsequio postrero de mi vida.
aapayés

