La razón
es un epitafio de niebla
grabado a ciegas
en la vereda de los vivos,
allí donde las palabras
se desangran huérfanas
de su propio eco.
Es un artefacto de lumbre y silencio,
un fulgor que no piensa,
un relámpago mudo
que estalla en el ojo dormido
de la memoria compartida.
La razón
es un algoritmo de espejos,
un soplo que se enreda
en los hilos del sueño,
mientras el pensamiento
se deshace en su propio laberinto
buscando el centro que nunca llega.
aapayés

