Se rasgo el silencio
en la grieta de un aliento,
un hongo terco y profundo
que germinaba para vivir.
Para sonreírle al viento de ecos invertidos,
para acariciar tu cuerpo de reloj de arena
que se escapa
en el arcoíris de una ilusión mordida,
una ilusión perfecta y cuadriculada
para seguir
un verso de amor
hecho de la madera del silencio,
auténtico y paria,
del rompecabezas
que se integra y desintegra
queriendo ser
un planeta de cristal,
complemento superficial
del amor.
Del amor
por el silencio de algodón negro
y la poesía coja
que baila con palabras sin ti,
que lleva el verso de tus labios de yeso
a los rincones menos pensados
de tu cuerpo desnudo y cartográfico,
acariciando
tentaciones de fruta prohibida
en el silencio de un cajón
y en el secreto de un suspiro enterrado:
el amor por ti.
Desciframe
y dime que el deseo
es un grito de pasión con raíces
en la poesía de los espejos,
conquistando soledades de sal.
Transfígeme
y reconóceme
y dime en poesía líquida
que sientes las caricias
del viento con dientes de león
con el aliento cálido
de mis labios de sol poniente.
Se rompió el silencio
y me quedo con el grito geométrico
de tu desnudez,
tu orgásmica tentación de manantial,
urgiendo
un sinfín de versos de piedra pómez
en los secretos de tus espasmos de mar.
Se rompió el silencio
el día que dejé de ser
una caricia en tus recuerdos de azúcar.
aapayés

