Te regalo la soberanía
de tus palabras,
de tus gestos llenos de ternura
y esos cálidos besos
que, entre amor y cariño,
desnudaste
con un amor pulcro
de tentaciones.
Te regalo mi ausencia,
la autoridad sobre tu destino,
la ecuánime decisión
de vivir tus sueños.
Un placer dejarte partir
con ellos.
Me dejo llevar por el delito
de ser locuaz con mis decisiones,
y es un auténtico placer
dedicarte el tiempo libre
de mis errores,
para que seas una mujer
plena y soberana de vivir
tu vida.
Me dejo llevar por el delito
de ser
un lúcido iracundo
con mis defectos,
y un vagabundo bohemio
en la soledad absoluta
de mi silencio.
Te regalo mi ausencia
por el poco tiempo
que me queda de vivir
escribiendo poesía
y miles de versos por ti
y para tus labios,
con el amor perpetuo
que mereces por ser
lo más perfecto de lo imperfecto
como mujer,
y leal a tus principios y deseos.
Te regalo mi ausencia
para que seas, con lucidez,
lo que siempre has sido:
mujer, mujer, mujer.
aapayés

