Vértigo de lo que no existe,
dilema perdido en el olvido,
en la ausencia de cada carta,
de cada letra, de cada verso,
de cada Dios que el tiempo ha vuelto piedra.
Olvídalo: ya es viento que sostiene
los globos que dibujas con la tinta,
la silueta errante que camina conmigo
entre la luz y el día que se dobla.
Alma fantasma del que escribe a escondidas,
del que sueña con párpados caídos,
con párpados tendidos como alas rotas,
con la mirada que se fue de viaje
y no volvió.
Verso tendido en la miseria dorada
de la nostalgia,
en la herida que llama poesía.
Vida tangible de lo que no se toca,
memoria de lo cierto y lo incierto,
memoria colectiva de los árboles
que en otoño acarician sus propias hojas
sobre el césped,
mientras los colores perdidos
vuelan sin dueño.
Manantial ausente de lluvia,
poesía que quiere sentir tus labios
deslizándose sobre mis versos,
coqueteo con la vida,
sonrisa cómplice del tiempo.
Tiempo que se desnuda en la distancia,
destino que se niega a ser destino,
poesía que gruñe desde el alma,
que gruñe desde el silencio,
que ruge como tempestad de ternura,
verso emancipado
que se desangra en tus ojos
y se besa con tus labios.
aapayés

