Me toca despedirme
como el verano al entrar en otoño:
me tiñó de esos colores
que ya vivieron su ciclo,
que se arropan en el suelo
y se quedan dormidos
en el silencio olvidado del tiempo.
Así me despido,
con ese estigma imaginario
del placer cumplido,
del amor perdido,
ausente y dormido,
con la agonía
del que quiso ser
un verso deletreado
por el gentil gesto
de tus labios.
Oh mujer,
oh silencio,
oh agonía de mi destierro
en las imágenes que un día
palpitaron en las calles
del tiempo.
Me despido en silencio,
como el sol cuando cede
su momento a la luna,
noche de mis tentaciones
corroídas por la vida
austera de amor,
y del corazón marchito
en las mejillas del tiempo.
Me despido
como se despide el día
para besar la noche
con la misma soledad
que me acompaña.
aapayés

