Esa encarnación que llaman poesía,
no es palabra, sino herida luz,
hilo que teje lo que nunca fue
y trasciende el borde de lo imaginado.
No para contar un amor de dos,
sino para inventar la orilla
donde habita un cuerpo que no existe,
una pareja de sueños que se encuentra
en el revés del tiempo,
hilando versos como sombras
bajo el influjo de un latido
que no sabe de geografía,
sino de vértigo y de espacio en blanco.
A solas, sí,
pero con la distancia hecha pulso,
con la ausencia convertida en lengua,
amando lo que apenas se presiente,
lo que nunca termina de llegar
y sin embargo,
ya está siendo.
aapayés

